LA ESCUELITA DE LA SELVA
Viviana Bacigalupo, coordinadora pedagógica del Modelo MATE, nos explica los desafíos cotidianos en la "Escuelita de la Selva"...
"El Instituto Tecnológico Iguazú (Itec) le proveía docentes y el ámbito institucional; ahora camina sola", resumió Claudio Salvador, coordinador del Modelo Argentino de Turismo y Empleo que propulsó esta iniciativa.
La escuela, erigida en tierras de la comunidad mbya guaraní de Yyryapú (Ruido del Agua), a pocos kilómetros aguas abajo de las cascadas, es el primer paso hacia el objetivo de que los dueños ancestrales de la selva obtengan con el tiempo alguna parte del millonario negocio turístico del norte misionero.
El "Centro de Educación Intercultural Bilingüe Clemencia González o Jachuka Yvapoty", su nombre oficial, ya tuvo en su único salón de clases a 70 alumnos de entre 13 y 38 años, a quienes capacita como "intérpretes del patrimonio natural y cultural" de la selva.
Se trata de jóvenes de Yryapú, de otras comunidades mbya de Misiones y algunos de Paraguay. Desde septiembre también tendrá un grupo de la misma etnia proveniente de Brasil.
En cada una de las aldeas que envían a sus jóvenes se van organizando senderos temáticos, con el atractivo argumento para los visitantes de que nadie como este pueblo de la selva sabe tanto sobre las plantas, los animales y la cultura de la región.
"Hasta ahora se trabajó en dos módulos sobre los contenidos, el impacto, la señalización de los senderos y la capacidad para comunicarse con los visitantes", dijo Salvador.
"Algunos alumnos repiten voluntariamente las capacitaciones para fortalecer los aprendizajes", añadió como ejemplo del entusiasmo que la actividad despertó en la comunidad mbya.
"En el tercer módulo, que acaba de comenzar, se trata de organizar el producto en la oferta turística, ordenar los atractivos, establecer la duración del circuito", explicó el coordinador del Mate.
Cuando la "Escuela Clemencia" fue creada contó con el apoyo de la Provincia de Misiones y del gobierno de Canadá, canalizado por la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional y el Colegio Niágara.
Ese sostén fue el resultado de un puente cultural que supieron tender los pueblos indígenas de las dos grandes cascadas de América, con el apoyo de las comunidades en las que se esfuerzan por insertarse.
En su etapa autónoma, la "escuelita" continúa recibiendo ayuda externa. Aunque el programa canadiense terminó en marzo, el respaldo de ese origen no se extinguirá, porque pasantes y jóvenes profesionales que participaron en la gestación de la escuelita constituyeron la asociación "Friends of Yyryapú" (Amigos de Yyryapú) para contribuir a financiar sus actividades.
Además, el Itec creó una oficina de servicios a estudiantes indígenas, "para ayudarlos a adquirir herramientas que para su cultura son muy nuevas, como computación básica, algo de inglés y ampliar su comunicación en la propia lengua española", dijo Salvador. Por su parte, la especialista en educación intercultural Viviana Bacigalupo, coordinadora pedagógica de la escuela -junto con Francisco Franco, coordinador indígena- presentó un proyecto a la Secretaría de Educación Privada de Misiones para que reconozca los certificados que se otorguen.
El trabajo en la escuela Clemencia González implica un proceso de construcción y reconstrucción cotidiana de un espacio de educación intercultural. Cada día y en cada encuentro todos y todas, docentes blancos y mbyá, alumnos y alumnas asumimos el desafío de encontrarnos y comunicarnos en un plano de equidad. Es una tarea delicada y constante. Por nuestro lado, de parte de quienes pertenecemos a la cultura hegemónica, creo que el primer paso es asumir los propios prejuicios, aceptar la diferencia no como una amenaza sino como una oportunidad de enriquecernos a partir del conocimiento y comprensión de esas diferencias. Aceptar que esas diferencias siempre van a estar pero verlas no como murallas sino como puentes a través de los cuales cada uno puede descubrir al otro y, en definitiva, descubrirse a sí mismo.
Por parte de las alumnas y los alumnos, lo esencial ha sido la decisión de aprender, de capacitarse y de ser protagonistas de un proceso educativo en el que se integran los saberes de ambas culturas, diferentes sí pero igualmente valiosos. La estrategia básica es el diálogo intercultural, basado en el respeto mutuo generando vínculos de confianza sin mentiras ni falsas promesas. Construyendo un espacio de libertad y seguridad para que todos y todas podamos encontrarnos. Saber escuchar al otro, saber atender y entender las cuestiones culturales y espirituales. Valorarlo por lo que es y por todo lo que sabe son las claves para que este espacio de encuentro, comunicación y educación sea inclusivo.
La cotidianeidad del aula se caracteriza por la circularidad del poder que podría resumirse en la frase “todos aprendemos de todos”. Todos y todas somos maestros y alumnos, cada uno tiene algo valioso para compartir.
En lo pedagógico trabajamos dentro del marco del constructivismo social. Dentro de este enfoque, la educación se constituye en una práctica comunicativa en la que las personas que intervienen son protagonistas activas del proceso de enseñanza - aprendizaje. La interacción con sus pares, la orientación de un adulto o experto que también interviene en ese proceso comunicativo, el error productivo que permite el aprendizaje significativo, el aprender haciendo y resolviendo situaciones problemáticas así como el partir de los conocimientos previos de los alumnos y alumnas para la resignificación y acomodación en sus redes cognitivas son los postulados teóricos que sostienen esta concepción en la que el trabajo de grupo y el aprendizaje colectivo es tan importante. Incorporamos aportes de la semiótica. Hemos construido y adaptado herramientas de evaluación y dinámicas participativas de carácter lúdico. Adaptamos también el modelo de aprendizaje basado en competencias que consiste, para decirlo de manera más sencilla, en aprender haciendo que es la forma tradicional de aprender de los mbyá. Los conflictos se resuelven en forma participativa. Las decisiones se toman en base al consenso. Es largo, es difícil y es más complicado. Pero es más valioso.
Ninguno de los blancos que trabajamos en el proyecto habla la lengua mbyá. Muchos nos dijeron que era indispensable hablarla para lograr la comunicación, personalmente y en base a la experiencia, creo que lo indispensable es estar dispuestos a comunicarnos.
Vemos, soñamos esta escuelita no como una isla sino como un puente que les permita ir y venir de una cultura a otra, sabiendo cuáles son sus derechos, valorando y protegiendo su identidad cultural y tomando de nuestra cultura aquellas herramientas o prácticas que cada uno decida incorporar. Soñamos también con una sociedad menos egoísta y excluyente, que se despoje de la visión del aborigen como salvaje o ignorante.
En el aula conviven y dialogan las dos lenguas en un proceso participativo y democrático en el que cada uno y cada una valoramos y cuidamos nuestras culturas y los sueños compartidos.
Viviana Bacigalupo
Consultora Pedagógica
Especialista en Alfabetización Intercultural
Proyecto MATE Pueblos Originarios
